VOLUNTARIO vs. OBLIGATORIO

voluntariado

Ante el eventual parón de la Ley de Servicios y Colegios Profesionales, y la incertidumbre que, en lo que respecta a las Corporaciones de Derecho Público, deja entrever el futuro panorama electoral, parece que las Comunidades Autónomas seguirán teniendo dificultades para atenerse a unos criterios estatales que determinen, de forma definitiva, el régimen de adscripción colegial para la Terapia Ocupacional. Así lo dejamos ver en nuestra última reflexión sobre la LSCP y su impacto, más que notable, sobre el futuro de los Colegios Profesionales de Terapia Ocupacional pendientes de aprobación.

Ante esta situación, de horizonte temporal indeterminado, las Administraciones Autonómicas pueden optar, de manera razonable, por dos posiciones que condicionan en efecto el futuro de nuestros Colegios. Quizá la más prudente, aunque la menos deseable para nuestros intereses, sea la paralización de la creación de cualquier Colegio autonómico a la espera de la aprobación de una regulación estatal imprescindible.

La otra opción, hasta la fecha parece que seguida de forma mayoritaria por las Administraciones, ha sido la aprobación de Colegios Profesionales con una adscripción voluntaria o, directamente, sin especificar… lo que a todos los efectos parece significar lo mismo.

Lejos de lo que nos pueda parecer esta estrategia, y de la reivindicación justificada, razonable y legítima de l@s Terapeutas Ocupacionales por disponer de Colegios de adscripción obligatoria, lo cierto es que la voluntariedad de un Colegio abre una interesante oportunidad para la reflexión. En gran medida porque deposita la carga de la decisión de participar y sumarse a lo común, no en la norma, sino en el sujeto.

L@s Terapeutas Ocupacionales sabemos “un poco” sobre las motivaciones humanas, y conocemos lo que ocurre cuando el peso de la motivación para la realización de una acción reside exclusivamente en factores que son extrínsecos a la persona, como bien pueden ser los beneficios secundarios que se obtengan de participar, la presión de los demás o, como es el caso, la existencia de una Ley que nos obligue a ello por decreto. Sabemos que, frente a eso, tiene mucho más futuro, expectativa de éxito y sostenibilidad en el tiempo, aquella participación en una acción cuya motivación nace del propio sujeto, convencido y esperanzado en que lo que hace tiene un sentido y contribuye a algo más grande que él, que le trasciende.

Si esto lo tenemos claro, parecería justificado que la Administración se “lavase las manos” en cuanto a determinar el régimen de colegiación, y lance la pelota al tejado de quienes reivindican la creación de un Colegio y al razonable uso de su libertad, pues se presupone en ell@s una motivación esencial, que les llevará a participar del mismo, una vez creado. Porque se entiende que pedir la creación de algo en lo que luego no exista una involucración mayoritaria carecería de toda lógica y sentido.

¿Qué hay que temer entonces sobre la colegiación voluntaria? ¿todos los miedos respecto a esta fórmula son infundados?. Lo cierto es que una parte no menor de nuestras reticencias reside esencialmente en las malas experiencias de participación voluntaria que se han registrado en Terapia Ocupacional, ya que prácticamente ninguna organización de estas características ha alcanzado un éxito y una representación mayoritaria del colectivo. Las más afortunadas se han quedado a medio camino y la mayoría han subsistido a ratos con rachas de bonanza y en temporadas bajo mínimos preocupantes, como bien sabemos en APTOCAM. En ningún caso cerca de una participación abrumadora que avale la tesis de que existe un interés real entre l@s Terapeutas Ocupacionales por disponer de organizaciones sólidas, representativas,  viables y sostenibles… más allá del discurso.

Ya reflexionamos en otra página amiga sobre la necesaria autocrítica de las Organizaciones Profesionales de TO y la inminente necesidad de un giro radical hacia nuevos modelos Asociativos y Colegiales más atractivos, transparentes, abiertos, etc. pero parece cuanto menos una crítica limitada y parcial depositar la exclusiva responsabilidad de la baja participación en las instituciones, más cuando parece ser un mal que se extiende por cualquier territorio, en diferentes modelos de organización, con diferentes estrategias y estilos de dirección y en diferentes épocas históricas. Más bien parece que culpar al ente, obedece a la vieja fórmula de “escurrir el bulto” respecto a lo que en coherencia con una responsabilidad profesional y ciudadana se espera de cada un@ de nosotr@s.

La voluntariedad, observada desde esta perspectiva, lejos de ser algo a reprochar a la Administración, nos deja en pañales y enseña nuestras propias vergüenzas. Las individualistas, de competitividad, de desconfianza, de desmotivación y desinterés, de egocentrismo, de mercantilismo y de inmovilismo.

No quiero con esta reflexión hacer ver que nuestra apuesta no es por la Colegiación obligatoria de la Terapia Ocupacional, pues entendemos, como hemos dicho antes, que existe una justificación coherente que la fundamenta en otros tantos aspectos, sobre los cuales seguiremos persistiendo. Pero al menos, si la voluntariedad es una opción y un reto que se nos presenta, que nadie pueda reprocharnos en el futuro, que no estuvimos a la altura de lo que de nosotr@s se esperaba.

Un fuerte abrazo

Daniel Emeric

Presidente de APTOCAM

presidencia@aptocam.org

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